(Mi) Futuro de la industria audiovisual

Hubo una época en la que la gente compraba material audiovisual sin ningún complejo: uno sentía felicidad cuando le regalaban un DVD o CD de música, o si no tenía nada que hacer bajaba al videoclub a alquilar un videojuego o una película. A pesar de que aún quedan algunos amantes del formato físico original es más que obvio que el mercado audiovisual ha caído en picado (y lo dicen claramente los números de ingresos) por culpa de la piratería pero sobretodo por el efecto de Internet. Los músicos más famosos no tienen, por ahora, muchos problemas con esto, ya que una gira de conciertos les salva el cuello y les llega a hacer millonarios. No me extraña, con la pasta que cuestan algunos conciertos, para no ganarse la vida como un rey. Pero quiero llegar a recaudaciones más humildes. Los grupos, directores, músicos, artistas en general, ya no quieren apostar por el formato de venta de material audiovisual. Es evidente, al usuario le costará un dinero que puede evitarse muy problamente navegando por Internet. Y si no, tiene a su disposición millones de alternativas, así que nadie llorará por falta de acceso a este tipo de contenido.

Muchos expertos y profesionales de la industria audiovisual se comen la cabeza día tras día para ver cómo solucionar esto sin que salga mucha gente perjudicada. Sólo hay que ver actitudes descabelladas como las de la SGAE, o la voluntad del gobierno español de querer aplicar un canon hipotecario a todos los habitantes por el supuesto consumo habitual de material adquirido de manera no-legal. Aquí es quizás donde entra el debate más grande entre los expertos y la comunidad de usuarios. Los conceptos de material protegido, derechos de autor, propiedad intelectual, están caducados desde hace mucho tiempo, están absoletos. Y parece que nadie quiere verlo así. Esto es porque siempre hay alguien que se está forrando y no quiere abrir las puertas a nuevas vías de negocio. Es totalmente inevitable que las personas tengan acceso abierto a cualquier contenido audiovisual, sea música, películas, series, etc., y hay que realizar estrategias de negocio en base a esto, y no para evitarlo. Como todo en esta vida del sistema industrial, tendrá que ser un proceso natural, y de la noche a la mañana no se va a conseguir, pero hay que intentar que sobretodo dejen de engañar a los consumidores de este ámbito de la cultura internacional. Y es que no hay más que pensar en el tema de la cuota que pagamos todos por tener acceso a Internet. Eso debería ser suficiente para tener a las dos partes contentas, pues con este dinero se está ofreciendo el acceso libre a la información y al contenido. Una vez alcanzado ese punto, no se puede ni se debe intentar poner ninguna barrera. Tan sólo modelarlo para que todas las partes salgan favorecidas. No tiene ningún sentido, por ejemplo, la censura de contenido en páginas como YouTube. Se está haciendo publicidad gratuita que ayuda a las producciones, tanto humildes como grandes, y la privación de esto sólo por haber un mero trámite económico de por medio es tan surrealista como estremecedor. Es más sencillo hacer uso y abuso de publicidad, tal y como hacen plataformas como Spotify (anteriormente lo hacían mejor que ahora, todo hay que decirlo), para que no haya este obstáculo económico de por medio. 

Es totalmente cierto que de algún lugar tienen que sacar las producciones el dinero para recuperar las inversiones que se realizan, sobretodo en el caso del cine. Porque en ámbitos como la música, ha quedado bastante claro que el beneficio aparece de los conciertos y en el merchandise, tras una difusión libre, gratuita y totalmente abierta a la distribución por la red. Con el tema del cine querría hacer una reflexión totalmente diferente a las que leo por la red últimamente. Es más que evidente que estos últimos años han brillado por la caída apoteósica de visitantes a las salas de cine. Dejando de lado las superproducciones que funden todos los records de ventas de entrada, no hay que olvidar que hay muchas más producciones que salen al mercado, y la mayoría sin el éxito que merecen. Uno de los motivos es, claramente, el precio que tienen que pagar los usuarios por ir al cine. Y más cuando este precio crece a un ritmo desmedido (sin tocar el tema de los impuestos  a la cultura, que esto daría para un blog entero). Una alternativa que creo que sería bastante sensata sería acercar los estrenos a casa. Por un precio menor, el usuario podría ver en su ordenador un estreno de cine. No tendría las cualidades de las salas, pero quizás en muchos casos a uno no le importa, ya que la calidad audiovisual a la que tenemos acceso es tremendamente alta. El  mero hecho de llevar las películas al cine hace que los precios se disparen, y esto no ayuda al mercado. Hay que llevar  todos los contenidos audiovisuales al alcance del usuario. Y que este sea el único que tenga en su derecho el querer pagar o no por un contenido (teniendo en cuenta las diferencias de calidad que pueda haber). Una vez hice un proyecto para la carrera de la cual saqué una gran conclusión. Era crear una empresa ficticia, y junto a unos compañeros ingeniamos una empresa de servicio de Internet que ofreciera packs de conexión a Internet más servicio a páginas de contenido audiovisual legal y de alta calidad (premium Spotify, Youzee, etc.). Sólo con iniciativas así se conseguiría apagar la llama que no deja dormir a las productoras y discográficas, y no se daría tanto la espalda a la dirección que llevan Internet y su gran comunidad de usuarios.

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